ERA JUD√ćO Y ATEO; BURL√ďN Y DESCRE√ćDO; SARC√ĀSTICO Y CORROSIVO.HASTA QUE LA VIRGEN SE LE APARECI√ď
ERA JUD√ćO Y ATEO; BURL√ďN Y DESCRE√ćDO; SARC√ĀSTICO Y CORROSIVO.HASTA QUE LA VIRGEN SE LE APARECI√ď POR FERNANDO PAZ

La historia de la iglesia est√° repleta de conversiones, pero algunas son m√°s previsibles que otras. Las hay l√≥gicas, inopinadas, sorprendentes e incre√≠bles. Agotada la escala, m√°s all√° de lo que cualquiera puede esperar, nos encontramos con la de Alphonse Ratisbonne. Estamos en enero de 1842, hace 170 a√Īos.
Jud√≠o y ateo; burl√≥n y descre√≠do; sarc√°stico y corrosivo. Alphonse Ratisbonne era eso y m√°s. Todo, cualquier cosa, antes que cristiano, y no digamos que cat√≥lico, creyente, miembro del reba√Īo.

Hijo de un rico banquero hebreo de Estrasburgo, acostumbrado a la buena vida, a los lances del amor, a la ociosidad tur√≠stica, de ese natural irritantemente esc√©ptico que produce la permanente satisfacci√≥n de las √ļltimas superfluidades materiales, Ratisbonne se encontr√≥ con la fe, con una fe arrolladora que se llev√≥ por delante sus prejuicios una fr√≠a ma√Īana del mes de enero en una capilla de la ciudad de Roma.
En apenas unos minutos, todo en lo que creía desapareció como por ensalmo, conjurado por una realidad que le arrebató sus pasadas certezas de burgués adinerado, positivista y pagado de sí mismo. Algo inesperado y milagros, inconcebible, se agazapaba entre los pliegues de los designios de la Providencia. Pero comencemos ya el relato de su conversión.


PR√ďXIMO ORIENTE
Alphonse Ratisbonne tiene 27 a√Īos y va a casarse pr√≥ximamente. Esa edad, frisando la mitad del siglo XIX, es ya avanzada como para contraer nupcias, pero Alphonse ha querido aprovechar la vida, que le ha brindado lo mejor que pod√≠a ofrecerle. La boda es con su prima Flore, a quien ama tan profundamente que ni siquiera el parentesco le hace dudar de su prop√≥sito.
Antes de celebrar la ceremonia, Alphonse ha decidido emprender un viaje que le lleve desde Francia hasta el próximo oriente, teniendo como destino final Jerusalén.
De camino, sin prisas, piensa visitar las principales ciudades de Europa. Mientras hace planes, Alphonse tiene un pensamiento para su hermano Th√©dore, que se ha ordenado sacerdote ¬°cat√≥lico! hace ya doce a√Īos. Se acuerda de √©l y sonr√≠e condescendiente, con un rictus de compasi√≥n afectada, meneando la cabeza con resignaci√≥n.

Nunca entenderá como un hermano suyo ha podido convertirse a la fe de ese galileo descarriado. Lo que ignora es que ese hermano le encomienda a él todos los días, sin faltar uno, a la Inmaculada.
Alphonse tiene previsto salir hacia N√°poles y pasar por Estambul para, finalmente, llegar a Palestina. Pero se detiene primero en Roma, el 6 de enero. En la ciudad papal comienza por visitar el gueto, donde se api√Īan casi cinco mil de sus hermanos jud√≠os. Aquello le enerva a√ļn m√°s en contra del catolicismo y del pont√≠fice.
En Roma, Ratisbonne se encuentra con un amigo que, procedente del luteranismo, se ha convertido al catolicismo. Se trata de Théodore de Brussiéres, quien se halla allí para reunirse con un grupo de católicos galos en peregrinación, y que ha entablado una profunda amistad con el hermano sacerdote de Alphonse.

Théodore encomienda a tan pías amistades al descreído judío, que bien lo necesita. Y se propone, si no convencer por las buenas, si solicitar de su amigo que se preste a un ruego: colgarse del cuello la Medalla Milagrosa de santa Catalina Labouré.
Divertido, aunque seguramente algo molesto, Alphonse no encuentra ning√ļn inconveniente en portar el 'amuleto'.
La ma√Īana del 20 de enero de 1842, Alphonse acompa√Īa a Th√©odore a realizar un encargo, por lo que ambos se dirigen en coche de caballos a la iglesia de Sant'Andrea delle Fratte, situada junto a la plaza de Espa√Īa de Roma. De Brussi√©res va a pagar un funeral para un ilustre caballero que acaba de morir apenas dos d√≠as antes.

Mientras, Ratisbonne debe decidir si espera en el g√©lido coche o si sigue a su amigo a la iglesia, al resguardo del fr√≠o. No es que la iglesia sea gran cosa, pero De Brussi√©res le advierte que tardar√° poco en sustanciar el asunto. Ser√° cosa de pocos minutos. Al traspasar el umbral del templo, Ratisbonne observa en derredor. Verdaderamente, la iglesia no vale gran cosa. Es m√°s bien fea. Y en su interior todo est√° oscuro, con excepci√≥n de una peque√Īa capilla, que despide una poderosa luz.
Como en una cascada, todo se precipita. Sin saber c√≥mo, la existencia que ha conocido Alphonse hasta ese momento se desvanece, y de pronto se encuentra a s√≠ mismo arrodillado a la entrada de la capilla, ante la cual se disponen los objetos lit√ļrgicos para el funeral. Aquel momento representa la separaci√≥n entre dos mundos.
OJOS PARA ELLA
Lo que sucede a continuación lo relata el propio Ratisbonne: "Levanté los ojos hacia la luz y vi, de pie en el altar, viva, grande, majestuosa, bellísima y con aire misericordioso a la Santa Virgen María...".
La imagen que contemplaba era semejante a la que colgaba de su cuello, aunque apenas podía sostener su visión con los ojos; entonce, prosigue Ratisbonne, "...fijé la mirada en sus manos y vi en ellas la expresión del perdón y la misericordia (...) aunque Ella no hubiera dicho una palabra, comprendí de pronto el horror del estado en que me encontraba, la deformidad del pecado, la belleza de la fe en el Evangelio...".
Más tarde, rememorando aquel momento, aseguraría que "en ese mismo instante, una venda cayó de mis ojos (...) veía, al fondo del abismo, las miserias extremas de las que había sido sacado por un cato de misericordia infinita...".

Su conversión fue instantánea, pues María le había hecho entender todo de una sola vez, como él mismo decía: "Ella no me ha dicho nada, pero yo lo he comprendido todo".
Desde ese momento en adelante, Alphonse fue violentamente rechazado por sus antiguos correligionarios y por gran parte de su familia, mientras arrostraba la separación de su amada Flore.
Lo esperaba, pero eso no hizo que le doliera menos. Pese a lo cual, hasta que muri√≥ m√°s de cuarenta a√Īos despu√©s, no tuvo ojos m√°s que para Ella. Cuando, ya en sus √ļltimas horas, luchaban los m√©dicos por su vida, les repet√≠a: "¬ŅPor qu√© me atorment√°is con vuestras curas? ¬°Dejadme ir hacia Mar√≠a!".

En su lecho de muerte, Alphonse Ratisbonne no se olvid√≥ de aquellos a quienes deb√≠a la fe, de los peregrinos venidos de Francia con los que se encontrase De Brussi√©res en Roma, que no dejaron de rezar por su alma, ni de su hermano Th√©odore, que jam√°s se olvid√≥ de enconmendarle a la Inmaculada. Pero, sobre todo, recordar√≠a el d√≠a de su extraordinaria conversi√≥n cuando, estupefacto, repar√≥ en el ata√ļd colocado a la salida de la iglesia de Sant'Andrea delle Fratte, en el que se encontraba un cad√°ver par √©l desconocido pero ante el que no pudo sino exclamar, hondamente conmovido: "¬°Cu√°nto ha rezado por mi este se√Īor!".
El cad√°ver, por el que De Brussi√©res encargaba el funeral, no era otro que el del conde La Ferronay, quien, advertido por aquellos franceses de su empe√Īo en la conversi√≥n de Ratisbonne, hab√≠a ofrecido nada menos que su vida a cambio del regalo de la fe para Alphonse.
La Ferronay, ministro de Carlos X y fidel√≠simo hijo de la iglesia, hab√≠a solicitado el permiso de su confesor para tal ofrecimiento. Dos d√≠as antes de los acontecimientos de Sant'Andrea delle Fratte, aquel se√Īor, que lo era, mor√≠a fulminado por un infarto.

NOTRE DAME DE SION
Tras su experiencia m√≠stica, Alphonse Ratisbonne recibi√≥ el bautismo cuando apenas hab√≠an transcurrido once d√≠as. Como cat√≥lico quiso adoptar el nombre de Mar√≠a, con el que se consagrar√° sacerdote jesuita seis a√Īos m√°s tarde, en 1848. P√≠o IX le autoriza la fundaci√≥n de una orden con su hermano Th√©odore- "Notre Dame de Sion", no pod√≠a ser de otra manera- destinada a la conversi√≥n de los jud√≠os. En Par√≠s se dedic√≥ a acoger a los jud√≠os que se acercaban a la iglesia y tambi√©n fund√≥ una casa para catec√ļmenos.
Aunque de un modo distinto al que imaginaba, Alphonse viajó con frecuencia a Tierra Santa, donde los dos hermanos se dedicaron a la predicación y evangelización.

Resultó, además, que en uno de los terrenos prolijos en ruinas que adquirieron en Jerusalén había estado situado el Litóstrotos, el lugar desde el que Pilatos ofreció a Cristo al pueblo de Jerusalén.
Alphonse Ratisbonne murió en 1884, en Palestina, en el emplazamiento que la tradición afirma se corresponde con el sitio en que se produjo la Visitación de María a Isabel.

El sitio web usa cookies y recolecta datos con el fin de mejorar su experiencia de navegación. Con su permanencia, usted acepta nuestra política de privacidad.

(Soy P. Juan Jose Mendoza)