LA MEDALLA MILAGROSA, UN SIGNO PARA NUESTRO TIEMPO
LA MEDALLA MILAGROSA, UN SIGNO PARA NUESTRO TIEMPO POR FELIX VILLAFRANCA, C.M.

ANALICEMOS LOS SÍMBOLOS.
Los símbolos que aparecen la Medalla son de tres tipos:

Unos son directa o inmediatamente bíblicos: el corazón atravesado por una espada hace clara alusión a la profecía del anciano Simeón: "Y una espada te traspasará el alma (Lc.2,35). También puede hacer alusión a la presencia de María al pie de la cruz (cf. Jn.19,25). El corazón rodeado de espinas y la cruz nos recuerdan la pasión de Cristo. Las doce estrellas evocan el apocalipsis: "Y en su cabeza una corona de doce estrellas" (Ap.12,1). El color del vestido alude al mismo versículo: "Una mujer vestida de sol" (ib.) La serpiente aplastada por pies de la Virgen nos remite al proto-evangelio: "Pongo hostilidad entre ti y la mujer ente tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza..." (Gn.3,15)

Otros son remotamente bíblicos: la letra M y la cruz pueden considerarse como una estilización del evangelio de la infancia de Jesús. La actitud erguida de María, de pie, dominando el mundo y venciendo al signo del mal; la serpiente, el mismo aspecto resplandeciente de su imagen, pueden evocarnos a la "mujer fuerte", a la "llena de gracia".

Algunos de esto símbolos son naturales y fácilmente inteligibles por todo el mundo; tales son, por ejemplo, el fuego que sale de los corazones, los rayos de las manos, los globos, la actitud orante y oferente, el gesto de dar y de abrazar...

De todos los símbolos que podíamos estudiar en la Medalla, unos son estáticos: nos hablan de los privilegios de María como escogida por Dios para la misión especial de Madre de Dios, y más directa colaboradora en la obra redentora de Cristo.

Otros son dinámicos: nos hablan de la misma colaboración de María en la historia de la salvación y de su función mediadora actual, en favor de los hombres, de todos y de cada uno, y de la iglesia en particular. Entre los primeros, hay que destacar la letra M, de la que yergue la cruz; la jaculatoria que circunda el anverso, la serpiente aplastada, el mismo aspecto resplandeciente que presenta la imagen de la Virgen: estos símbolos nos hablan claramente de la maternidad divina de María, de la que dimana directamente la maternidad espiritual respecto a todos los hombres. De esta interpretación amplia de sentido podemos deducir la elección de María como Madre de la iglesia, del Cristo total, como la ha proclamado el Vaticano II. Y de aquí podemos pasar a hablar del privilegio de su concepción inmaculada, incluso de su Asunción y de su reinado universal sobre el mundo, amén de su papel preponderante en la redención operada exclusivamente por Cristo.
Entre los símbolos dinámicos aparece la actitud orante y oferente de María, el gesto de distribuir los rayos de luz sobre el mundo. La misma Señora explicará a la vidente que el globo que tiene entre sus manos representa al mundo y a cada hombre en particular, y que los rayos de luz que salen de sus manos son símbolos de las gracias que continuamente concede a los que se las piden, mientras que las perlas preciosas que no brillan y los rayos que no lucen representan las gracias que no se conceden a los hombres porque no hay nadie que las pida. A través de estos símbolos María aparece, pues, con toda claridad, ejerciendo, de hecho, en nuestros días, su acción bienhechora sobre la humanidad...

Todavía hay otro tipo de símbolos que podríamos citar entre los estáticos y dinámicos: participan, según se les considere, de un aspecto o de otro: tales son, por ejemplo, la barra transversal de la letra M que sustenta la cruz; la proximidad de los corazones de Jesús y de María... Por un lado, estos signos pueden significar la íntima unión de Jesús y de María en la obra salvadora; y, por otra parte, el amor en acto (notar las llamas que salen de los corazones) hacia los hombres. La jaculatoria, finalmente, podría considerarse como la conclusión práctica de la Medalla. Por una parte, es una aclamación de alabanza, impregnada de agradecimiento; y, por otra, es una invocación confiada que implica el humilde reconocimiento de la indigencia humana, que acude a quien puede ser el remedio de sus males e infortunios.
¿Por qué no ver también en la Medalla la imagen reconstituida de la Mujer, tan deteriorada en los primeros textos bíblicos, y cuyas  secuelas llegan hasta  nuestros días, a través del vehículo de nuestra cultura, que todavía considera a la mujer como ciudadano de segundo orden? En la Medalla, la mujer aparece como puro don de Dios, íntimamente unida a su plan de salvación: esbelta, agraciada, con perfecto dominio sobre las fuerzas del mal, exuberante de los más elevados valores femeninos, si por tales se entiende candor, dulzura, delicadeza, ternura, AMOR que se da y que se entrega...Lejos de replegarse entre bastidores y visillos, la mujer aparece en la Medalla como primera protagonista de la historia de los hombres. La Mujer es en María "plenitud de Mujer", compañera y asociada inseparable del hombre.

Por donde quiera que se la mire, la Medalla se presenta ante nuestro mundo de hoy, sediento de verdad y de amor, como un mensaje diáfano de Fe, Esperanza y de Amor. Fe en su propia misión de persona, dueño de su propio destino, dominador de las fuerzas incontroladas del mal, capaz de reconstruir las realidades decadentes y de forjar una humanidad nueva...Esperanza de que, algún día amanecerá la luz que disipe sus tinieblas de incertidumbres y de miedos; esperanza de que, algún día, la búsqueda ansiosa y persistente del hombre, sus luchas y desvelos, el odio mismo y la violencia no serán suficientemente fuertes para arrebatarle su paz y equilibrio interior, porque aquel día, la fuerza del AMOR, que perdona y acoge, en un gesto de apertura total al otro, habrá impuesto su ley...

MARÍA MILAGROSA, UN SIGNO JOVEN PARA JÓVENES.
Un punto importante del mensaje de la Virgen a Santa Catalina es us voluntad expresa de que se funden agrupaciones juveniles que, bajo la tutela de María, y tomándola a ella como modelo, organizan su vida con proyección apostólica y de servicio a los más pobres. Así nació la primera Asociación de Hijas de María, bajo los cuidados pastorales de doble familia vicenciana, Padres Paúles e Hijas de la Caridad. El P. Aladel, confidente espiritual de Catalina, fue también el primer director de la Asociación. Esta conoció, a pesar de los altibajos, una vida pujante en aquellos países donde la familia vicenciana estaba fuertemente arraigada. De las filas de la Asociación salieron multitud de auténticas misioneras seglares, mucho antes de que el Vaticano II proclamase la importancia del apostolado seglar; otras muchas jóvenes de la Asociación ingresaron, a lo largo de su historia, en la compañía de las Hijas de la Caridad.

Los planteamientos nuevos del Vaticano II sobre el apostolado seglar, el rápido cambio que siguió al Vaticano II: fenómenos como el secularismo, el desprestigio de la devoción popular mariana dentro de la misma iglesia, como consecuencia de los desvíos y excesos del pasado..., incidieron, de muy diversas formas, en la vida de la Asociación. Actúan, en primera instancia, a modo de sacudida que la hacer zozobrar y someterse a revisión; por momentos, da la impresión de batirse  en retirada, de sumergirse incluso en la decadencia definitiva...
Por fortuna, como sucede con una cierta frecuencia en la iglesia, de las cenizas y del deshecho, nace una nueva esperanza que se va consolidando poco a poco. 
De las llamadas Hijas de María, se pasó primero a EMAS (Equipos Marianos de Apostolado Seglar), sin duda bajo la impronta del Vaticano II. Poco a poco van quedando atrás los excesos y desviaciones del pasado; los prejuicios, fundados o infundados, van superándose entre las nuevas generaciones de jóvenes. El cambio de lenguaje, de nombre, de orientación..., todo contribuye a rejuvenecer el rostro de la Asociación y a presentarla en una nueva dimensión, más de acuerdo con los nuevos tiempos...

Sin embargo, no duró mucho, entre nosotros, en nuestro país, esa nueva denominación. De pronto, movidos como por una fuerza nueva, que bien podemos atribuir a inspiración de lo alto, damos con una nueva clave y pasamos a llamar a nuestros jóvenes asociados Juventudes Marianas Vicencianas (JMV).  El nuevo apellido "vicencianas" (inspirado en el espíritu de Vicente de Paúl) devuelve a la Asociación su auténtico sentido constitutivo, de origen: la auténtica devoción de los jóvenes, y de toda la iglesia, a la Virgen, pasa por el servicio a los pobres, que es la mejor manera de anunciar la Buena Noticia de Jesús a los hombres de cualquier época y de cualquier circunscripción geográfica.
El nuevo nombre, si bien se mira, constituye  una pequeña revolución, ya que pone el acento prioritario del evangelio a través del servicio... ¿No suena eso a tiempos nuevos, de nueva evangelización, misión a la que instan a todos los seglares, desde todas las plataformas autorizadas de la iglesia de hoy?

La irrupción del nuevo nombre constituyó una autentica eclosión en el apostolado mariano juvenil de la primera homada, que se prolonga hasta nuestros días. A partir de finales de los 70, nacen grupos, a modo de pequeñas comunidades, que se reúnen periódicamente para planificar su vida; se multiplican las reuniones por zonas geográficas, los encuentros nacionales de Benagalbón (Málaga), con miles de jóvenes participantes; de estos encuentros anuales surgen las jornadas de formación catequética... Y lo que era casi inimaginable; nacen auténticas comunidades de vida, que comparten techo, trabajo apostólico, bienes e inquietudes misioneras. Y como fruto maduro de esta fuerza interior envolvente irrumpe la nueva rama verde vicenciana, MISEVI (Misioneros Seglares Vicencianos), que incluye, entre sus objetivos prioritarios, dedicar varios años a la misión "ad gentes", allá donde la competente autoridad vicenciana reclame su presencia...

Como todo lo humano, la vida y sus impulsos vitales, las asociaciones y sus proyectos, están sujetos a recesiones y a subidas de esperanzas y de renovaciones...Hoy, en nuestro país, lo que surgió con fuerza irresistible a finales de los 70, parece haber caldo en letargo, como casi todos los movimientos juveniles de cualquier signo, contagiados, sin duda, por el vaho de los nuevos tiempos de nuestra sociedad decadente en valores sostenibles... Pero todavía se sostienen vivos, en pequeñas comunidades vicencianas seglares, el espíritu y la fuerza transformadora que los vio nacer. Ellos y ellas constituyen la esperanza de una nueva primavera eclesial. Signos de esta nueva primavera son los nuevos grupos de juventudes marianas vicencianas que van surgiendo en otros ámbitos geográficos, más concretamente en las comunidades cristianas del mundo hispano...Pero más esperanzador es aún la fuerza y consistencia que van tomando los encuentros mundiales de la juventud (JMJ), que cada tres años inundan de multitudes de jóvenes alegres y llenos de vida las ciudades donde se les convoca. Sin duda que el espíritu y la tradición de la familia joven vicenciana tiene mucho que aportar a esta savia nueva en expansión..

La mirada limpia, serena, contemplativa, a la Medalla Milagrosa producirá ciertamente el milagro de las nuevas generaciones de Juventudes Marianas Vicencianas, cuyo origen constitutivo nace del mensaje de María a Catalina Labouré, cuya fiesta celebramos hoy.

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ESTOY DE ACUERDO CON LA PRIVACIDAD, ENTENDIDA DE AQUELLO QUE ES MUY PERSONAL. PERO SABEMOS QUE AHORA ES DIFICIL ESCONDER MUCHO DE LO QUE SOMOS, UNA VEZ ENTRAMOS EN LAS REDES SOCIALES ( Soy P. Juan Jose Mendoza)