Padre Julio Pineda Portillo (1842 - 1900) Primer misionero vicentino de El Salvador
Padre Julio Pineda Portillo (1842 - 1900) Primer misionero vicentino de El Salvador Julio Pineda Portillo, C.M., Fundador de las Misiones Vicentinas en El Salvador
AUTOR: P. JOS�o/oo FRANCISCO RAMOS CÁRCAMO, C.M. · A�`O DE PUBLICACI�"N ORIGINAL: 2006. · FUENTE: VINCENTIANA, SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2006.

Julio Pineda Portillo, C.M.
�"La cosa más necesaria es la más descuidada�"

Introducción
La Congregación de la Misión, fundada por San Vicente de Paúl, como otras Congregaciones en la Iglesia, goza de la gracia de ha­ber tenido entre sus filas, hijos a quienes se puede aplicar el texto Sir. 39,9: �"Muchos alabarán su inteligencia y su fama vivirá por generaciones�".

El P. Julio, nacido en el pulgarcito de América, primer Vicentino Salvadoreño y fundador de las Misiones en El Salvador y de la Casa Misión de San Jacinto, es uno de esos hijos de Vicente de Paúl y gloria de la Iglesia Salvadoreña.

Familia, nacimiento y vocación
El P. Julio nació en el Cantón Los Pozos, jurisdicción de Arcatao, el 20 de diciembre de 1842, en el Departamento de Chalatenango, El Salvador. Es allí donde al fragor de los obrajes de añil y al cantar y soñar de los campesinos chalatecos, el niño Julio forja su vida de trabajador y campesino, que más tarde serán su fuerza para ser un santo y celoso misionero. Sus padres Don Antolín Pineda y Doña Teodora Portillo, inyectaron en él, el espíritu del evangelio. Gracias a la fe sencilla y generosa que practicaban y que más tarde le abrió el camino al sacerdocio y a las misiones. Fue bautizado en la Parroquia San Bartolomé de Arcatao, el 8 de febrero de 1843.

Las primeras letras las aprendió en su pueblo Arcatao, creció entre el estudio y el trabajo, posiblemente conoció y aprendió el cul­tivo y el trabajo del añil. La historia ha conservado varios hechos de su niñez, que reflejan el carácter del futuro fundador de las misiones vicentinas de El Salvador. Es voz común que Julito se escapó hacia el Seminario, cuando su madre lo mandó a dejar el almuerzo a su padre y a los trabajadores. Otro hecho de su niñez es que cuando acompañaba a su madre al río de la comunidad, mientras ella lavaba, él se subía a la tetuntona [piedra grande] a predicar a la gente que estaba lavando, asegurando que cuando él fuera grande, mucha gente se confesaría con él; esto hacía que su mamá lo regañara y que los demás niños se burlaran de él. Allí está el gran peñón como testigo mudo bajo el sol inclemente en el cruce del camino y el río. �"Cosas de niños�... verdades de adulto�".

Su padre, Don Antolín, murió de un paro cardiaco en San Sal­vador, en una de sus tantas visitas a su hijo, cuando éste ya era estu­diante de estudios superiores. Es interesante ver cómo se conservan datos con tanta lucidez, por señores que son ya nonagenarios y que recibieron de sus padres.

Situación socio-política de El Salvador
Los conflictos entre los liberales y los conservadores llenaron las primeras décadas del siglo XIX en el istmo centroamericano, y El Salvador se vio violentamente sacudido por esos conflictos. Esta profunda crisis se manifestó en una encarnizada lucha por el poder. Tuvo sus antecedentes en las primeras luchas independencistas de 1821. Esto dio lugar al nacimiento de cinco naciones hermanas en América Central. Este nacimiento costó mucha sangre, precio que hay que pagar por la vida y la libertad. La economía de El Salvador giraba alrededor del añil. Una economía que venía desde el tiempo de la colonia y que perdió su valor con la aparición de los colorantes químicos. La ingerencia política no se dejó esperar sobre la Iglesia, en todo lo que a ésta le corresponde.

Situación eclesiástica
La Iglesia en tiempos de la colonia, vive y crece bajo la tutela de la Corona Española. Al momento de la emancipación, las cinco pro­vincias forman una sola provincia eclesiástica, siendo Guatemala la sede episcopal. El Papa Gregorio XVI con la bula Universales Eccle­siae Procuratio, erigió la diócesis de San Salvador el 28 de septiem­bre de 1842, desmembrándola de la arquidiócesis de Guatemala. Su primer obispo fue el P. Jorge Viteri y Ungo, que fue preconizado el 27 de enero de 1843. La joven diócesis contaba con 27 sacerdotes.

Jurisconsulto y maestro
En tiempos del P. Julio era común para los estudiantes gra­duarse en la Universidad de Bachiller en ambos Derechos civil y ecle­siástico. Adornado como estaba de todas esas facultades propias de todo joven y una recia voluntad y muy inteligente, como afirma el P. Nerio, se vislumbra en él, un futuro muy halagador.

�"Allá por el año 1862, después de haber hecho los estudios prepa­ratorios de filosofía, se dedicó a los estudios de jurisprudencia. Estudió cuatro años y fue discípulo de los jurisconsultos eminentes doctores Pablo Buitrago y José Trigueros, figurando dignamente en las aulas al lado de Salvador Gallegos, Manuel de Jesús Miranda, Alberto Mena y Ricardo Moreira, notables abogados que en la actualidad son honra del foro salvadoreño. Ante la muerte súbita de su padre y desamparado de materiales auxilios para continuar sus estudios, que había con gran provecho emprendido. Pero hizo frente a la diversa suerte y logró gra­duarse en Bachiller en Jurisprudencia�".

Para continuar sus estudios, ante la muerte súbita de su padre, cuyo sostén económico era, el joven estudiante de Derecho se con­vierte en el maestro de El Calvario.

�"Se dedicó a la enseñanza de los niños, dirigiendo la escuela del Barrio El Calvario. Su corazón le llevaba por ese camino, para servir a sus semejantes y enseñar con su palabra y ejemplo, la práctica de la virtud. Y le llamaban con mucho cariño �`el maestro del Calvario´, como si el público presintiera que el modesto educacionista estaba destinado al generoso apostolado de Cristo�".

Viviendo y enseñando en el Barrio El Calvario, fue electo por los habitantes del barrio, tesorero de los fondos de dicha barriada, corría el año 1868. Esta experiencia nueva de enseñanza y confianza vivida en este barrio, donde se ganó el cariño de pequeños y grandes, nos muestra la estatura humana que caracterizaba a nuestro futuro fun­dador de la misión de El Salvador, de la Casa Misión de San Jacinto, barrio vecino de El Calvario. De familia pobre, al mismo tiempo que era maestro en la escuela de El Calvario, logró con lo que así perci­bía, asistir externo a las clases del Seminario. Ejemplo admirable de correspondencia al llamamiento divino.

Camino del Evangelio
La historia que tiene buena memoria, no se le escapan recove­cos por muy inéditos que estos sean, escuchemos: �"Desistió de se­guir la carrera de abogado, para consagrarse a los estudios teológi­cos y entrar en el clero. Era inteligente, de buena memoria y aplicado al estudio. Asistimos juntos a la clase de teología de la Universidad Nacional, y juntos en el seminario, un año me parece�" (Testimonio del P. Nerio).

El P. Julio en su primera carta al Señor Obispo de San Salvador, le expresa: �"Después de haber pensado por muchos años sobre la voca­ción, a que ya nací inclinado mediante la divina providencia, aunque sin mérito alguno, para mejor servir a Dios, me he decidido a abrazarla, tomando los hábitos del clero secular. Por tanto, a S.S.I. pido y suplico humildemente sea muy servido extenderme esta licencia que solicito previo a los trámites que S.S.I., juzgue convenientes. Es gracia que pido y juramento, ILMO Y RMO S.�" Julio Pineda.

En esta carta de solicitud, donde manifiesta su deseo de entrar al clero secular, está plasmada su personalidad: �"Lo he pensado por muchos años�".

Ante la solicitud del Señor Obispo al cura de Arcatao, sobre información, sobre vida y costumbres de Julio Pineda, éste contesta: �"Al contrario, todos seriamente y especialmente todas las personas de sano juicio le conocen ser hijo de legítimo matrimonio, y que desde su infancia le han conocido adornado de virtudes y de buenas cualidades que lo hacen digno de ascender al sacerdocio�". El mismo notario ecle­siástico, Don Bartolomé Rodríguez, puntualizó: �"Es un hombre de buena fama�".

El P. Julio entró por la puerta grande y única, como el verdadero pastor. Los años de teología habían terminado. Sus profesores y com­pañeros lo admiran. De su conducta honesta nadie podía probar lo contrario, lo mismo, de sus virtudes. Está en la plenitud de su vida. El año 1869 fue un año decisivo en su caminar de fe, marcó para siempre su vida, es un gesto de madurez humana y cristiana: �"Des­pués de haberlo pensado por muchos años. Aquí estoy, envíenme�".

Las órdenes ministeriales, le fueron conferidas en Guatemala. El Señor Obispo de San Salvador, Monseñor Tomás Miguel Pineda Zal­daña, está anciano y enfermo, destruido por la situación político-social de su pueblo, por las ingerencias del Estado sobre la Iglesia, y en Guatemala está el Obispo Mariano Ortíz Urruela, amigo y cono­cido; prudente, era pues, ordenarse en Guatemala. Lo cierto es que, un buen número de ordenandos suben a la Tierra del Quetzal para recibir las órdenes sagradas.

El orden diaconal, le fue conferida el 31 de octubre de 1869. Un año había transcurrido desde la ordenación diaconal, cuando nueva­mente lo encontramos en Guatemala, esta vez recibiendo la unción sacerdotal, el 17 de diciembre de 1870 en la Capilla del Socorro de la Catedral Metropolitana. Le acompaña, las cartas dimisorias extendi­das por el Señor Obispo de San Salvador.

Primicias sacerdotales
El camino ha comenzado para ti, dice un canto y así era, había comenzado el camino para el P. Julio y su compañero de ordenación P. Fernando Araujo. Ya están camino a su patria Chica. El Salvador es una tierra de fuego. La Iglesia no tiene un espacio de libertad para cumplir su misión, porque reina un espíritu antieclesial, por el aire político que se respira. El Obispo Pineda Saldaña, enfermo, cansado y acabado por las luchas libradas, el Obispo coadjutor había renun­ciado, etc. Todo este clima asfixiante le daba la bienvenida a los neo-sacerdotes que conocían la situación, allí crecieron, se formaron y allí optaron por el sacerdocio, no había nada que temer, auque las aguas estuvieran turbulentas, sentado a popa de la nave y sujetando el timón de la barca, había un excelente y anciano pescador.

¿Cuál fue el itinerario del neosacerdote a su llegada a San Salva­dor? Constituyendo todo el territorio salvadoreño una diócesis y dada la escasez del clero y las continuas expulsiones y saber que estaba vedada la entrada a las congregaciones religiosas, es de suponer que al igual que los otros sacerdotes, le esperaba una maratónica activi­dad pastoral. Allí esta el joven apóstol delante de su anciano obispo, poniéndose a sus órdenes, para aliviar sus penas y aligerar su carga de pastor, allí está el antiguo alumno a la altura de sus maestros para sembrar como ellos, la Buena Nueva del Reino, allí está el sacerdote que será más tarde el fundador de las Misiones Vicentinas y de la Casa Misión de El Salvador; misiones que durante siete décadas brillaron como luz para el corazón de los salvadoreños.

Su primer tarea, pastoral fue el curato de San Miguel, ciudad oriental del país. Más tarde lo encontramos en Aculhuaca en sustitu­ción del P. Umaña, gravemente enfermo. En noviembre de 1871 lo encontramos tomando posesión como cura Vicario de Sonsonate: �"Noviembre 26 de 1871. En esta fecha he entregado por orden superior, esta Parroquia que era a mi cargo al Señor Presbítero Cura Don Julio Pineda�".

El P. Antonio Conte, en el libro �"Treinta Años en Tierra Salvado­reña�" dice: �"De regreso a la capital, el Padre Pineda fue mandado a Sonsonete en carácter de Párroco de aquella extensa feligresía. Tomó posesión el 26 de noviembre de 1871. Alto de estatura, de complexión recia y aunque enjuto de carnes, de semblante grave y mirada franca y bondadosa, tuvo la suerte de agradar a cristianos y a moros por su caballerosidad en el trato social, su constante aplicación a la visita de enfermos, asiduad en el confesionario y santa independencia en el púl­pito. Cinco años permaneció en dicho Curato de Sonsonate, del 26 de noviembre de 1871 al 28 de abril de 1876�EUR�.

Allá en Sonsonate, el mar político estaba turbulento, los vientos eran contrarios; era lugar de expulsiones, pero allí está el hijo de los campesinos de Arcatao. Manos a la obra dirá. Por los caminos sedientos de luz, levantándose antes que el sol, hacia los campos que lejos están, muy temprano se va el viñador. Al día siguiente de su llegada, se registra el primer bautizo. En esos cinco años de su pre­sencia en Sonsonate, hay varios intervalos de ausencia. �"En 1875 que son expulsados los Padres y las Hermanas de Guatemala, algunos de ellos pasan a El Salvador y predican algunas misiones, que más adelante adquieren gran importancia con el P. Vaysse y el P. Gou­gnon. Nos preguntamos: ¿en esos intervalos de ausencia, dónde está el P. Pineda? ¿Sería aquí que comenzaría la comunicación con los Misioneros Paúles de Guatemala? O ¿Serían las misiones las que per­mitieron al P. Pineda, conocer las misiones en El Salvador? Lo que si queda fuera de duda es que al P. Pineda le importaba su pueblo, sufría cuando miraba al pueblo en la ignorancia religiosa�".

San Miguel Aculhuaca y más tarde Sonsonate, fueron las primi­cias sacerdotales del P. Pineda. Suficiente tiempo para que se diera cuenta de la ignorancia religiosa de su pueblo, lo que su corazón no soportaba y ante el bombardeo antieclesial y antirreligioso a que era sometido el pueblo por la malicia con que actuaban los poderes polí­ticos, la negación de los valores eternos, expulsión del clero y obis­pos, la suspensión de la cátedra de teología de la universidad, la laicización de la enseñanza, la prohibición de fundar ordenes reli­giosas, etc. Esto inquieta su corazón. �"El celo de casa me devora�" (Jn 2,17). ¿Cómo conciliar el sueño ante esta realidad tan palpable, y ante el nuevo proyecto de su vida? ¿Qué dirán sus compañeros sacer­dotes? ¿Cómo reaccionará el Señor Obispo, si lo acaba de nombrar Vicario y Provisor General de la Diócesis, cargo que ya había jurado? Ese cargo de Vicario y Provisor General era en prevención y ante las continuas amenazas de expulsiones de Obispos y Vicarios. Un nom­bramiento y una juramentación hubieran detenidos a otro segura­mente; pero �"el gobierno eclesiástico no puede, según derecho, oponerse a su vocación, a una vida más perfecta�", dirá más tarde el Obispo.

Encuentro con Vicente de Paúl
Cuando toda la ciudad de Sonsonate creía que tenía en el P. Pi­neda un cura vitalicio, éste vislumbró nuevos horizontes, más dilata­dos y oyó una voz que le decía: �"Más arriba hijo, siempre más arriba, porque hombres de tu temple no encuentran punto de reposo, ni res­piran a su sabor sino en las cumbres. Eres hijo de la montaña�". El cura de Sonsonate no se hizo esperar, ni de rogar. Se puso inmedia­tamente en comunicación con el P. José Vaysse, superior de los Misioneros Paúles en Guatemala, solicitándole lo admitiera en la Con­gregación de la Misión. Tomaba esta decisión instigado por sus anhe­los de perfección cristiana y por el ardiente deseo de dotar a su patria de un grupo de misioneros residentes en la Capital, que suplieran la escasez del clero secular y atendieran a las necesidades espirituales de tantas ovejas descarriadas por falta de pastores.

Su meta al entrar en la Congregación, según el P. Vaysse, era dotar a su país, El Salvador, de una congregación religiosa misio­nera. Cuando el río suena, piedras lleva, reza el refrán. Las idas y venidas del P. Pineda, pusieron la alerta roja a los fieles de Sonsonate y manos a la obra; y creyendo que el Señor Obispo les quitaba su santo cura, ni cortos ni perezosos, comenzaron a recoger firmas; y el 21 de mayo de 1876, escribieron al Señor Obispo de San Salvador, una senda carta con 94 firmas, donde le expresaban de los logros en el aspecto de la fe, los alcances en la liturgia, y sobre todo de las virtudes del celoso apóstol, �"y por la ejemplar conducta de este pastor que es rara en los hombres y necesarias en los tiempos presentes�".

Pudo más la mirada serena y penetrante de Vicente de Paúl que las 94 firmas que contenía la carta, para la no remoción del P. Pi­neda, que el mismo Señor Obispo se encontraba desarmado ante la decisión de su condiscípulo. Dos días más tarde el Señor Obispo les contesta a sus fieles, y entre otras cosas les dice: �"Agradeciendo en su justo valor la solicitud que pende en favor de la vuelta a Sonsonate del Señor Presbítero Don Julio Pineda, por ser una demostración de la gra­titud de aquél vecindario, le declaro no obstante, sin lugar, porque el Señor Presbítero citado, tiene intenciones de pasar a la vida religiosa y el gobierno eclesiástico no puede según derecho, oponerse a su voca­ción a una vida más perfecta�".

Sonsonate perdió a un sacerdote, a un pastor de ejemplar con­ducta y la Congregación de la Misión ganó un santo y excelente misionero, de la talla de los grandes y El Salvador vio crecer y nacer las jornadas misioneras por más de diez décadas; y de las que recibió grandes beneficios espirituales.

Guatemala es su nuevo destino, y el P. Vaysse en su informe al Superior General, le expresa: �"En 1976, llegó el P. Pineda, sacerdote salvadoreño�". Llegó como Postulante. Hay que examinar el terreno.

Comenzó muy bien desde abajo. No hizo alarde de su categoría sacerdotal, al contrario, se sometió a todo, como un iniciado, un neófito y cumplidas las condiciones que pedía el directorio y los examinadores del Seminario Interno y viendo que las ha cumplido, es recibido en el Seminario Interno el 28 de agosto de 1876 por el P. José Vaysse.

Ha pasado un año, y el docto novicio ya alcanza su mayoría de edad en la Congregación. Ya terminó su primer año de noviciado. El 2 de agosto de 1877 en el Consejo Local, recibe el Placet para hacer los buenos propósitos antes de los santos Votos �- propios de la Congregación. Y así �"EL DIA 24 DE JUNIO 1879 EN PRESENCIA DEL PADRE GUSTAVO FOING, DELEGADO DEL SUPERIOR GENERAL Y EN UNA FORMA SENCILLA HIZO LOS SANTOS VOTOS EL PADRE JOSE JULIO PINEDA PORTILLO�".

Las dos primeras misiones en el Salvador
Aquellos sueños del celoso apóstol de Sonsonate, comienzan a hacerse realidad, Misionar en El Salvador. Bendita perseverancia. �"El Padre Gustavo Foing, designo para las misiones del Salvador al Padre José Vaysse y al Padre Julio Pineda�" Salvador ahora viene la pre­gunta. ¿Cómo lanzarse si los vientos no son favorables? Ya el Supe­rior General, escribía en esa época: �"La revolución que convulsiona también los Estados Centroamericanos contraría e irrumpe los trabajos de la Iglesia, lo mismo en Colombia, Ecuador, el desorden es pasajero lo espero. La cólera de los partidos será desarmada por la caridad�".

Ni cortos, ni perezosos, levantándose antes que el sol, les encon­tramos camino de El Salvador a ponerse a las órdenes de su amigo y compañero José Luis Cárcamo Rodríguez, obispo de El Salvador. La primera misión junto al P. Vaysse, comenzó el 8 de Diciembre de 1879, misionando 7 parroquias del centro y occidente del país, con sus respectivas filiales. Clausurando la primera misión el 28 de marzo de 1880. La segunda misión comenzó el lunes 28 de Noviembre de 1880 hasta el 27 de julio de 1881, misionando 12 poblaciones. Es bueno recalcar que muchos sacerdotes diocesanos se unían a ellos en estas largas jornadas misioneras. Entre ellos el P. Ramón Peña de Opico, más tarde misionero en Colombia y murió en las misiones de Perú. El P. Guillermo Rojas, misionero en el Cauca, fundador de la misión de Nátaga y luego primer Arzobispo de Panamá. Una tercera misión fue en San Jacinto en la Cuaresma de 1899.

Todas estas correrías apostólicas presagiaban al P. Pineda un abanico de colores y cuando todo iba viento en popa, el Dios de Vicente de Paúl, deja oír su voz: Tus proyectos no son mis proyectos. Así, un día velero y capitán son sacudidos de sus sueños y despiertan en otros mares. ¡El viento sopla donde quiere! África, Costa Rica, el Cauca le esperan, le diría el Superior General y allá le envía por lar­gos 14 años, de donde regresa todo un veterano en el oficio de las misiones. La Congregación es misionera y las misiones ad gentes están clamando misioneros de alta talla.

África le espera. El sábado 31 de marzo de 1882 a las 10 de la mañana, en el puerto de La Libertad, en El Salvador, se embarca llamado por su Superior General. Las misiones de El Salvador son sus desvelos: �"Ah mis misiones tan amadas. Pobre Patria mía, en la peligrosa época que atraviesa. Cuantas almas bien dispuestas se pierden por falta de sacerdotes. Ah, quien tuviera un grupo de misioneros para ocuparse unos del seminario mayor, otros recorriendo las parroquias misionando y otros enseñando en las escuelas primarias para preservar al pueblo de la herejía y de la impiedad�".

Al llegar a la Casa Madre, el P. Antonio Fiat, Superior General, le envía a Argel, África, para que allí, mientras llegara a su debida madurez los proyectos que tenía, trabajará con esmero por la gloria de Dios y la salvación de los cristianos y moros. �"Vaya usted sin cui­dado al África, a Argel, que tarde o temprano retornará Ud a su querido El Salvador�". Más tarde le llama el Superior General: �"Pues bien mi querido hermano, he pensado en usted para las misiones de Colombia. Continuamente recibo cartas de aquellas tierras lejanas pidiéndome refuerzos. Vaya Usted IN NOMINE DOMINI, allí estará a dos pasos desu Patria. Ya sabe que cuando sea la llegada la hora de realizar su sueño dorado, la Providencia lo proveerá todo. De Colombia a El Sal­vador hay poco trecho�".

Una orden de esa naturaleza hubiera turbado a cualquiera que no hubiera tenido el espíritu de fe y la obediencia del P. Julio. Tene­mos la circular del P. Fiat: �"Paris, 1 de enero de 1884. Hoy fueron enviados a misiones extranjeras de América Central: Augusto Birot, Julio Pineda, Constante Veltin, Hno. Juan Bautista Concedan�". Se detiene dos años en Costa Rica, por el ambiente anticlerical en los países de misión, aunque Costa Rica no era la excepción, había un juego político de expulsiones. El mismo P. Birot, regresaba a Colom­bia después de haber sido brutalmente expulsado y vejado por el des­potismo de César Conto en 1876. Llego el P. Pineda a Colombia el 3 de marzo de 1886 y a Popayán el 8 de marzo y estuvo allí hasta 1892. Misionó con grandes éxitos pastorales las Costas del Pacífico, las vasta zonas del Quindío, el sur de Tolima y como formador del Clero en los seminarios y excelente director espiritual.

�"Su predicación sencilla como la de todo hijo de Vicente de Paúl, salía de su pecho con tal unción, que arrancaba lágrimas a su audito­rio. Su vida austera y penitente era una predicación que penetraba por los sentidos. Los pueblos lo miraban como santo. Logró conversiones que se tuvieron por milagros. Fue siempre una antorcha encendida en el cielo de la gloria de Dios y la salvación de las almas�". Esta remem­branza de este hijo de San Vicente, creo, que dice lo suficiente en los 10 años que misionó las tierras Colombianas.

En recta final
Un corte de dieciséis años, desde sus primicias misioneras en El Salvador, le dan una configuración apostólica al P. Pineda. El obrero se hace en la mies, con el arado en la mano, trabajando de sol a sol en África, Costa Rica, El Cauca, Tolima, han llegado a ser su escuela de especialización. �"Febrero de 1896. En los primeros días de este mes, salí de Tunja en Colombia. Iba tan enfermo del hígado, que creía no poder hacer el viaje hasta Guatemala y apenas salí, comencé a mejorarme, pero venía con intención pura de obedecer a Dios en mis superiores; y así él me ayudó. Dios me traía para fundar las misiones del Salvador y yo no comprendía sus designios divinos�". ¿Cómo no sería la alegría de sus antiguos compañeros y formadores en esa casa tan querida de Guatemala? ¿Cuántas preguntas sobre su misión en tierra extranjera?

Fundación de la Casa Misión de San Jacinto
Hacía mucho tiempo que el P. Julio contemplaba en sus sueños una de misiones en El Salvador. Valía la pena esperar, pero a Dios rogando y con el mazo dando. �"Noviembre de 1898. Camino para El Salvador. El 29 de octubre salimos de Guatemala el Padre Hetuin y yo para El Salvador a comenzar la fundación. Llegamos aquí el 5 denoviembre a las ocho de la noche. (Más adelante dice): Se puede decir que el 8 de noviembre del año que concluyó, comenzó la Casa de Misio­nes del Salvador�". Una fecha muy importante para la Congregación en la Provincia de América Central, es el nacimiento de la Congrega­ción en El Salvador. A media cuadra de la Iglesia de San Jacinto, a lo largo de la calle que conduce a La Vega, compró un hermoso solar de dos manzanas y media.

�"Diciembre de 1899, San Salvador. Hoy 31 de diciembre concluye el año 1899. Muy notable ha sido para mí este año, por las angustias que me ha ocasionado la fundación de la misión. El 1 de diciembre de 1899 estrenamos la casa Misión en San Jacinto�". Los sueños del P. Pineda ya están maduros, ya se puede hablar de una casa-misión en El Salvador. �"Hace veinte años que gimo delante de Dios, pidiéndole esta gracias. No puedo ver con indiferencia que tantas almas de mi patria se pierdan�" (Carta al Superior General). El P. Hetuin, escribía al Superior General: �"Al fin triunfó el P. Pineda�".

La cuarta y última misión
Recién instalados en la nueva casa-misión de San Jacinto y ter­minados los detalles, los tres misioneros se preparan para la nueva jornada misionera. Estamos en 1900 y hacia fines de febrero, el P. Pi­neda juzgó llegada la hora, de acceder al deseo de las poblaciones que a gritos pedían la Santa Misión, entre estas, su pueblo y parro­quia de Arcatao, no pudo menos a impulso del amor patrio que ardía en su corazón, darles la preferencia. Y el 26 de febrero, salen con destino de Arcatao. Esta misión duró hasta el 24 de mayo, misio­nando Arcatao y sus cuatro filiales.

Los frutos fueron muy halagadores. El Salvador es tierra de misión para los hijos de San Vicente de Paúl. Pero hay, cuando la alegría estaba en su apogeo, la tristeza alcanzó su período más álgido. Tan cierto es que los extremos se tocan, y como dice el sabio: el término del gozo, es el dolor. Apenas estaban de vuelta en la capi­tal, el P. Pineda, sintió desfallecer, extenuado por los trabajos misio­neros, herido por las contradicciones, rindió bruscamente su jornada, el 29 de junio de 1900 tras un derrame cerebral, a los 58 años de edad y 21 de vocación en la Congregación de la Misión. Sus últi­mas palabras fueron un resumen de todo lo que había predicado y vivido en su vida de misionero: �"La cosa más necesaria es la más descuidada�".

Aquellos que conocieron al P. Julio, conocieron a un verdadero apóstol, aquél que encarnó en su vida el Evangelio. La prensa local, en el siguiente día, expresa: �"Recordamos públicamente, las mise­ricordias de ese Varón Inmaculado�". El Clero de El Salvador en su boletín, se expresaba así: �"No hubo que desear, relativamente, a los bienes espirituales que con la caridad de San Vicente de Paúl, distri­buyó el Padre Julio Pineda, nuestro paisano lazarista, quien mejor que otros, debe interesarse por nuestro bien espiritual. El Padre Pineda con la solidez de su palabra, supo encender el fuego sagrado en el corazón de los sacerdotes�". El Clero en Colombia, expresa: �"Era un maestro consumado, como director de conciencias y predicador de ejercicios al clero. Como predicador de ejercicios espirituales al clero, creo que nadie puede aventajarle. Nos han asegurado todos los sacerdotes con quienes hemos hablado, que jamás habían llevado tan dulces y provechosas impresiones, después de un retiro. Ponderan hasta las nubes, sus ejer­cicios al clero�".

El P. Pineda, querido y estimado, lleno de salud y vida, no parecía sino que había nacido en Colombia y que en Colombia debía morir. Su celo apostólico le garantizó el cariño de todos los que lo conocieron. El Obispo de Tolima, expresaba: �"Ya que el pueblo se había encariñado con los misioneros lazaristas, desde el momento que pudieron valorar los trabajos misioneros del Padre Julio Pineda, a quien consideraban como santo y apóstol. Todos los párrocos querían las misiones del Padre Julio Pineda. Todos los pueblos lo aclamaban�".

�"Descanse en paz el abnegado apóstol de Jesucristo,
que no quedará desamparado el surco que él abriera en el campo del Padre.
Sus hermanos y continuadores se encargarán de regarlos con sus sudores
y llevará el buen olor del nombre de José Julio Pineda Portillo,
hasta los confines de su amada Patria�".

Recuperado de :
http://vicencianos.org/julio-pineda-portillo-c-m-fundador-de-las-misiones-vicentinas-en-el-salvador/
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